martes, 10 de enero de 2012

Día 1. 5 de enero del 2012.

Vuelo LR 625, 3:45 pm, puerta 6, desde San José-Costa Rica con destino a Lima-Perú. ¡Oh sí! Ahí iba yo, con la paz que sobrepasa todo entendimiento, pensaba mi Dios, en lo que estaba haciendo y en lo que hará, en las cosas tan maravillosas que ha traído a mi vida por su pura gracia y misericordia.
A los minutos de estar volando miré por mi ventana, y entre nosotros se abría paso el más hermoso atardecer que hayan visto mis ojos, el más bello celaje; y me maravillé, una vez más los cielos contaban la gloria de Dios. Era como si mi Padre me estuviera entregando un bello regalo ante mis ojos, tal cual sabe que me gusta, amo los atardeceres y él lo sabe; y mientras alegraba mi corazón, yo me deleité en la majestuosidad de la obra de sus manos, que refleja la esencia de su naturaleza.
Casi cuatro horas después mis pies estaban pisando suelo peruano, mientras yo pensaba como había amanecido en mi país, para esa noche dormir a kilómetros de distancia…
Esa noche fui recibida en la casa de la familia Aquino, en Bellavista, Callao, Lima; cuadra J 21; hospitalaria y bella familia de Lima, hermanos que me han bendecido con mi recibimiento en su casa. Ahí empezamos a compartir de nuestras culturas, y fue muy interesante.
Desde esa noche me di cuenta de que estaré comiendo papas por el resto de mi estadía en Perú, pero bueno, Jesús es claro al enviar a sus discípulos y decirles que deben comer lo que les ponen en la mesa cuando los reciban en una casa. Probé el ají de gallina y la bebida gaseosa típica del Perú: la Inka-Cola, una bebida color amarilla sabor a chicle. Sin duda miro la bendición del Señor a través de esta familia.

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