martes, 10 de enero de 2012

Día 2. 6 de enero del 2012

El vuelo hacia Cusco se retrasó como una hora, pero llegué muy bien gracias al Señor. Lo que más me sorprendió y por lo cual le agradezco al Señor es que haya guardado mi salud; típicamente el turista al llegar a Cusco sufre del mal de altura, da náuseas, dolor de cabeza, mareos, hasta diarrea, esto porque por la altura y la falta de oxígeno en el cerebro se genera una presión que causa ese malestar, además la sangre a veces no puede circular bien y de la presión rompe algunos vasos capilares causando que salga sangre por los oídos.
Por cualquier cosa, me dieron un te de coca, es especial para aligerar el cuerpo, regular el ritmo cardiaco y alivianar los síntomas del mal de altura. Confieso que solamente me sentí relajada, ningún efecto extraño.
Don Jaime Gonzales y Keren Padilla me estaban esperando en el aeropuerto de Cusco, y me llevaron a un recorrido por el centro de la ciudad y conocer Plaza de Armas, ciudad muy bella, con sus calles adoquinadas, construcciones en barro, muros de piedras, su catedral tallada totalmente en piedra, que te transporta a cientos de años atrás. Llegamos a un lugar para almorzar muy acogedor, el almuerzo fue una sopa de la cual no recuerdo el nombre, pero traía de varias clases de papas, incluyendo papa deshidratada, repollo, fideos y tripas de cordero; ¡muy rica por cierto!, luego un pollo al curry y arroz, ¡delicioso! La bebida era un mate de limón con hierbas, y de postre cominos una mazamorra de almidón de maíz. Y por tres comidas completas de dos platos cada una, se pagó lo que en Costa Rica se pagaría solo por una persona.
Ya camino a Limatambo, de la provincia de Anta, a unas 2 horas de Cusco, dejamos la ciudad para entrar en un bello recorrido, en el que la carretera atravesaba campos de cultivos, árboles de álamo, sauces y eucaliptos, y un sinfín de vegetación desconocida por mi persona, colinas verdes y azules, un cielo celeste impregnado con algunas nubes blancas; casitas de barro y teja; vacas, toros y burros, que finalmente formaban un hermoso paisaje digno de contemplar.
De forma muy hospitalaria fui recibida en la casa de don Jaime y su esposa Rosa, con sus dos hijos, Urías de 7 años y Sofía de 4 añitos; prepararon un pinto en la cena, pero porque han tenido influencia tica, no es igual que el pinto tico pero se asemeja y eso me recuerda mi país.

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