jueves, 12 de enero de 2012

Día 6. 10 de enero del 2012

Las mañanas no son tan frías, al medio día hace bastante sol, de hecho veía en las noticias que la radiación solar en lima y cusco está al máximo; sobre los cielos se ven algunas nubecillas semejantes a algodón, y en las rocosas sierras puedo ver como los bosques de eucaliptos se estremecen al ritmo del viento, mientras cerca de mí cantan algunos pajarillos.
Generalmente ayudo con la preparación de la comida para la familia y siempre hay visitas en la casa, o a lavar platos, como esta familia tiene influencia tica, la comida realmente no se me hace tan diferente, excepto porque siempre se come papa, y en la medida de lo posible trato de evitarla, pero cuando debo comerla, la como y listo. Aún trato de acostumbrarme al mate (te), mate de manzanilla con menta, mate de anís, mate de coca, mate de cedrón, mate de carambola, y como no tomo café, entonces seguiré tomando mate… sinceramente extraño los frescos de frutas de CR o quizá un chocolate; al menos acá en Limatambo no encuentro leche.
Esta noche hemos visitado Marcahuasi, una comunidad que está camino a Mollepata, es un poco más cerca; como llegamos casi anocheciendo, lo que pude mirar fue que esta comunidad se encontraba como entre muros de piedras construidos hace mucho tiempo, viejas casas de adobe, caminos de barro… Acá no hay un templo, los cultos se realizan en el salón comunal de Marcahuasi, y nuevamente no contábamos con instrumentos musicales, nos ayudábamos con las palmas y el pandero; estas personas están siendo pastoreadas y evangelizadas, aún deben comprender realmente la verdad de la obra de Jesús. Nuevamente me encontré con el dilema de que no sabía hablar quechua, pero era hermoso ver como alababan a Dios en su lengua natal.
Antes de que llegaran las personas, salí un momento para orar por las personas que vendrían y por Marcahuasi, mientras oraba, de repente me encontraba escuchando al Espíritu Santo, allí me dijo algo que me ha ordenado compartir. Muchos cristianos nos preocupamos por crecer en el Señor, pero terminamos concentrándonos en aprender para nosotros mismos, al punto que olvidamos lo esencial de muestra misión en la edificación de la Iglesia.
Me trajo a memoria Mateo 28:19 “Por tanto id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” y Hechos 1:8 “Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. Esto nos señala que cada uno de los miembros del cuerpo de Cristo tenemos una misión, que se asocia desde nuestro mismo pueblo, pueblos cercanos y otros pueblos que están en los confines de la Tierra. Ahora, ciertamente cada uno debe desarrollar su ministerio conforme le ha sido entregado y con las habilidades o dones que el Espíritu Santo le ha asignado. El problema es que la Iglesia, no una congregación, sino la iglesia de Cristo mundialmente hablando, necesita despertar en esto, no podemos hacer caso omiso a lo que Jesús ha señalado.
La Iglesia no debe centrarse en sí misma, y encerrarse a ver pasar la vida. La Iglesia debe abrir sus ojos y volver a ver al caído, al cautivo, al pobre, al necesitado, al orgulloso, al vanidoso, al corrupto, al que vive en su pecado; no con el fin de señalar, sino mas bien con el propósito de acercar a ellos, el Reino de los Cielos. Debemos eliminar la ignorancia hacia ellos, mas debemos aumentar nuestra pasión por el que no conoce a Cristo.
Y además me recordó como dice en Mateo 9: 35-38, que debemos orar para que el Señor levante obreros en todo el mundo para recoger la cosecha de almas que hay en estos tiempos. En ese momento yo solo exclamé: ¡Espíritu Santo, dame la dirección correcta! Y el Espíritu Santo me habló claro y me dijo: ¡Ya te he dado la dirección, no pidas más. Ora y asegúrate de esto ya esté hecho en tu corazón!
Me dijo además, que comparta este mensaje, porque lo que me ha dicho a mí, debo hablarlo a otros con el fin de que también ellos reciban esta palabra. Así que cumplo con ello, esperando que en ustedes esto también de fruto y puedan orar a Dios con esta dirección, que la revelación a través de estas palabras pueda estar mayormente en ustedes, así como ha llegado a mí en este pequeño pueblo de Marcahuasi.
Además testifico, de cómo Dios me ha dado palabra específica para los hermanos de Marcahuasi, es un privilegio para mí visitarles; y de cómo Dios me manda a orar por los enfermos y las necesidades de estos hermanos, con el fin de dar una respuesta para que él mismo sea glorificado en medio de estas gentes. Porque no hablo con mis palabras, sino con las palabras que Él pone en mi boca.

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