sábado, 14 de enero de 2012

Día 9. 13 de enero del 2012

Hoy he amanecido como con mil piquetes de mosquitos, ¡ya ni sé donde es que voy que me pican! ¡Seguramente les gusta la sangre extrajera! En este día me ha tocado cuidar de Sofía y Urías, pues Jaime ha salido a Miskyacu y Rosa ha salido a Anta; en la tarde me han acompañado a visitar una familia.
El miércoles después de predicar, se me ha acercado una niña de ojos grandes, gran sonrisa y voz fuerte, me ha dado un fuerte y cariñoso abrazo. Su nombre es Brigitte y tiene 6 años, ella y todos sus hermanos van a la iglesia, pero su mamá no, y su papá no vive con ellos. Desde el momento en que esa niña se me acercó sentí una gran inquietud de ir a su casa, así que esa fue la familia que decidí ir a visitar.
Averigüé donde vivía y me fui con los niños. Cuando llegamos los niños se fueron a jugar con Brigitte y sus hermanos, mientras yo hablaba con su madre, ella se llama Carmen; su vida no ha sido fácil, y me contó muchas cosas por las que ha pasado y está pasando; así confirmé una vez más, que justo ante ti pasan miles de personas, y no sabes qué es lo que han vivido y no te das cuenta cuánto verdaderamente necesitan a Jesús, por eso tener la oportunidad de hablarle de Jesús a esas personas es un privilegio y sin duda creo que visitarle era propósito del Señor, era algo que ella estaba necesitando, aún cuando ella ve la constancia de sus hijos en la iglesia, necesita que la motiven a acercarse a Cristo y vivir ella misma todo lo que Dios puede hacer. Llevarle la esperanza de Jesús al abatido y al perdido es tan hermoso que no cambio ese privilegio por ningún otro. Después oré por sus hijos y finalmente por ella, glorifico al Señor porque sin duda su Espíritu Santo siempre me acompañó y guió durante esta visita.
En la noche partí con Jaime hacia el culto en Miskyacu, compartí una palabra con los hermanos, aunque yo pensé compartir cierto mensaje, me alegro cuando el Espíritu Santo me cambia todo y me lleva realmente a la palabra que se necesita en el momento y lugar. A pesar del frío, las noches en Miskyacu son impresionantes. Por un momento me perdí en el firmamento celestial, a la luz de las estrellas, envuelta en el olor del ciprés y escuchando nada más que un grillo cantar, todo se postraba ante Dios; una vez más, ¡todo lo creado era una pincelada de la majestuosidad de su creador!

1 comentario:

  1. qué alegría Yessica que nos compartas estas páginas..!! Dios te siga bendiciendo y llevando por el camino que preparó para ti.. :)

    ResponderEliminar