jueves, 12 de enero de 2012

Día 5. 9 de enero del 2012

Hoy he recogido basura alrededor de la casa; esta casa, la iglesia y la oficina de MICSA, está en una comunidad llamada Rioja, estamos como a unos 2300 m de altura. La visita de ayer al colegio de Casa del Águila, me ha dejado con piquetes por todo mi cuello, brazos y pies, son como “purrujas”.
Comparto además algo que el Espíritu Santo me hablaba hoy. Estaba leyendo un poco, sentada en unas escaleras en el patio de la casa, mientras Urías, Sofía y un niño llamado Mauro, de 8 años, jugaban alrededor; de repente los niños trajeron unas hojas de colores, y Mauro hizo un avioncito de papel, y entonces Urías al verlo le pidió que le hiciera uno; en ese momento Mauro le dijo que pusiera atención y aprendiera como se hacía; Mauro pacientemente le explicaba como hacer el avión, pero mientras él explicaba, Urías se distrajo y cuando vio de nuevo a Mauro, ya él tenía casi terminado el avión, y bueno, los niños siguieron jugando, solo que al final Urías no aprendió como hacer el avioncito.
Asimismo, Jesús nos quiere enseñar muchas cosas, y pacientemente nos explica, sea con su palabra, su presencia, sus siervos y nuestras mismas experiencias de vida, lo que pasa es que fácilmente el humano se distrae con cosas vanas que no edifican, afanes, cosas con prioridad incorrecta; causando que muchas veces perdamos la esencia de lo que nos quiere enseñar, no captamos la totalidad de su mensaje y eso puede ser perjudicial en nuestra vida como cristianos y como personas que buscamos agradar al Señor.
En la tarde nos preparamos para viajar a Mollepata, una comunidad que se encuentra como a una hora de acá en carro, parte en pista, parte en camino de tierra y arena en medio de las montañas. Íbamos Rosa, Jaime, Urías, Sofía y el hermano Carlos, en el carro de Jaime.
El camino a Mollepata, es muy bello, aunque de repente y con la ayuda de las alabanzas andinas al Señor que llevaba Jaime en el carro, me sentí como perdida en medio de las sierras andinas del Perú; envuelta en un paisaje sin igual. Nadie imagina que en medio de esas sierras se hayan establecido comunidades, perfectamente son ignoradas por muchos de nosotros.
Al llegar a Mollepata, visitamos dos casas, la primera era la casa de la hermana Mercedes en el centro de Mollepata, allí nos dio mate y pan; luego nos fuimos a la casa del hermano Sebastián, hasta cierta parte llegaba el carro y luego subíamos a pie, por las lluvias el camino estaba lleno de barro y un poco resbaloso. Una vez llegados, llamamos a su puerta y nos invitaron a pasar, el fin de estas visitas a familias es poder darles un seguimiento pastoral y estar pendientes de ellos, acercarse a ellos y que puedan sentir su importancia y el amor de Dios que podemos llevarles. Orar por su casa y su familia, ser pues portadores de la esperanza que solo en Cristo puede existir.
Acá es muy común que cuando tienes visitas, les ofrezcas algo de comer. Así que en la humilde casa del hermano Sebastián, nos dieron motes con queso; el mote son granos de un maíz morado, grande e hinchado porque se hierve en agua, y revienta; a estos se les quita la cascara y se come con el queso, realmente es muy rico. En esta casa tenían en su “sala” muchas hierbas secas, granos y pieles. En la “cocina” nos sentamos en unas pequeñas bancas, allí andaban unos 6 cuyes entre nuestros pies, ellos los crían para luego comérselos.
Ya bajando de esta casa, estaba oscureciendo, me pegaron un sustillo, una vaquilla no muy simpática quiso cornearme, yo nada más me quité y por dicha estaba amarrada jaja.
A eso de las 7 pm iniciábamos el culto en la pequeña iglesia de Mollepata, no éramos muchos pero ese es el esfuerzo de MICSA, alcanzar a más quechuas para Cristo. Acá el templo está en proceso de construcción, la iglesia y los hermanos tratan de levantarse, con un pandero y sus palmas alaban al Señor. Jaime y Rosa, junto a Carlos viajan cada semana para ministrar el culto y predicarles. Allí aún no hay líderes que puedan pastorear esta pequeña iglesia.
Oramos, y mientras oraba al fondo apareció por entre las colinas una gran y hermosa luna que a contra luz mostraba la silueta de los estilizados árboles, sabía que la presencia de Dios llegaba a acompañarnos mientras realizábamos el culto; aquí es cuando te das cuenta de que no porque estés solo, con unos cuantos hermanos o miles de personas, no es la falta o existencia del mejor sonido y las mejores voces, o estar al aire libre, en una pequeña casa o un templo enorme y hermoso, lo que determina que el Espíritu Santo gloriosamente se presente y te use; esto creo está determinado por nuestra actitud y nuestra disposición ante él; para que de esta manera él convenza del pecado, nos guíe a su verdad y revele la gloria de Dios, tal y como lo prometió Jesús justo antes de ser arrestado y posteriormente ser crucificado.

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