jueves, 19 de enero de 2012

Día 10. 14 de enero del 2012

Hoy he vuelto a recordar hace unos añitos atrás, mis días de niñez,  he jugado con Sofía, le he pintado sus uñas, he jugado con sus legos, he estado a su lado mientras juega de bañar sus barbies; en cierto modo, mirarla jugar me recuerda a mí misma, y creo que es bueno mantener ese espíritu de niños, aún con el paso de los años.
Alrededor de las 5 de la tarde fui a visitar a la hermana Marcelina, la misma hermana que quise visitar el segundo día en Limatambo y que no estaba. Jaime me fue a dejar en moto, al llegar la hermana estaba lavando ropa en una improvisada pila: dos tinas grandes y un tubo. ¡No es tan sencillo como darle inicio a una lavadora automática!
Esperé mientras ella lavaba y lavaba, en algún punto pensé ¿tendremos acaso una oportunidad para hablar realmente y que le puedo decir? Así que oré para que el Espíritu Santo me ayudara a tratar lo que debía tratar con ella. Una vez que terminó de lavar, me invitó a pasar a la cocina; hablamos, y verdaderamente pudimos llegar al punto que Dios quería tratar. Oramos juntas y fue muy motivador para ella, gloria a Dios por eso. Me ha invitado a visitar nuevamente su casa todo un día. Y como es común por acá, me invitó a comer algo: un delicioso mate de té, canela y clavos de olor con pan de trigo. Sin embargo, por la espera y la conversación, eran como las 6:30 y ya estaba oscureciendo, era peligroso devolverme sola a la casa de MICSA, porque primero no conocía bien el camino; segundo,  estaba oscureciendo; y tercero, ¡era un solitario camino en medio de la sierra, arbustos espinosos y árboles, montaña abajo! Así que una de sus hijas, Cesia de 8 años, me acompañó con ayuda de una linterna que no utilizamos, ella fue mi guía, está acostumbrada a esas circunstancias…
En este día he aprendido algo especial, que sinceramente en términos ministeriales quizá no había pensado, y me hace estar consciente de las implicaciones que hay cuando Jesús encarga a sus siervos el pastoreo de un pueblo o una comunidad, eso no es en lo absoluto fácil; realmente estar tan cerca de un ministerio de pastoreo me hace darme cuenta de los alcances de éste; de los esfuerzos, la entrega y sacrificio que deben realizar; lo que deben enfrentar como líderes de una o varias congregaciones; y cómo deben permanecer totalmente fieles a la guía del Espíritu Santo para poder tener éxito en la misión que Dios les ha encomendado. Le agradezco a Dios poder ser parte durante estos primeros días en Perú, de la misión evangelística-pastoral que llevan a cabo Jaime y Rosa a través de MICSA. 

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