En este día he tomado un tiempo para recordar unos de los tiempos más difíciles pero bellos que he vivido, mi vida en Puntarenas, definitivamente solo Dios pudo hacer que yo saliera de Parrita, dejando mi familia y mis amigos con tan solo 15 años, aún a veces me parece increíble que haya vivido dos años allí y me haya graduado del cole científico, porque era una muchachita sin conocimiento de nada, saliendo de mi lugar cómodo y seguro, para arriesgarme y empezar a madurar en muchos sentidos, comenzar a ser independiente de este mundo y empezar a depender más de Dios.
¡Cuánto me costó! Pero lo logré, lloré muchas veces, muchas veces quise devolverme a Parrita, muchas veces era insoportable estar tan lejos de mi casa y mis amigos, era insoportable la carga académica, sentía que no podría satisfacer la exigencia que me pedían, me sentía sola… Pero en medio de eso mi Padre siempre me dio una fortaleza como sólo él sabe dar, me guió, me acompañó su Espíritu Santo, con él podía llorar y reír… Pasé de ser una niña en un lugar que no conocía absolutamente nada, toda la gente era extraña para mí; a una muchacha que encontró su lugar allí; encontré personas valiosas, y pude disfrutar de bendiciones que jamás me esperé recibir, el Señor levantó mi cabeza y me honró con mucho. Recuerdo a mis compañeros, casi hermanos; las giras, los paseos, los momentos que compartimos viendo películas o “haciendo nada”, las estudiadas, los profes… Dejar mi casa para irme a ese colegio fue una decisión que tomé por mí misma; y así he sido, una persona que sabe que en la vida debes tomar muchas decisiones, y con la guía de Dios así lo he hecho, quizá a veces un poco arriesgadas.
Sentada recibiendo un poco de sol, con el viento fuerte sobre mi rostro, y en medio de un pequeño pueblito en la sierra del Perú, me doy cuenta de que El Señor no deja de sorprender, y hará de todo para formar y cumplir su propósito con sus hijos; Él es capaz de movernos de una u otra manera, de sacarnos de donde estemos para llevarnos a niveles mayores, Él hace lo que es inimaginable ante nosotros, yo puedo dar testimonio fiel de ello. Y lo mejor de esto es que sé que esto no es nada comparado con lo que Dios está haciendo en mi vida en este tiempo y en el venidero, porque cada vez me entrega cosas mejores; pero asimismo, cada vez me exige una mayor entrega y me llama a dar más, y no sentarme a solo recibir. Conforme Él me da, así me pide que yo dé a los demás.
En la tarde allí frente a una espectacular vista, tuve una bella conversación con el Señor, donde fui muy conmovida, y me di cuenta una vez más de que sin mi Padre soy inútil e insignificante, y es maravilloso saber que aún siendo uno tan pequeño Dios pone sus ojos sobre nosotros para hacer su obra que a veces parece demasiada delante de nosotros, pero su fidelidad y guía al final nos llevan a cumplir lo que nos encarga.
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